DE 0 A 10 KILÓMETROS

Tenía 25 años y la carga mental me estaba pasando factura.
Estudiaba dos carreras universitarias al mismo tiempo.
El estrés de los prácticos, las horas eternas frente a la pantalla y los libros me tenían agotado.
No había espacio para el deporte, salvo algún partido de fútbol cada tanto y ver como la panza ya empezaba a asomar.
En los veranos laburaba de barrendero o cargando cajas en el empaque de fruta para poder bancarme los estudios.
Cadá día después encerrado en mi habitación al volver a casa sentía ese vacio que duele tanto. NO era capaz de mirar a los costados por si aparecía una nueva estocada, aunque quería seguir peleando por mis sueños.
Estaba roto. Si alguien me hubiese pregundado que me pasaba. Eso hubiera dicho. Y eso no me hacía ni mejor ni peor. Solo escuchaba al cerrar la puerta de mi habitación un golpe seco que atravesba el pecho para recordarme que la vida se estaba pasando. Quería escapar....luego con el tiempo entendía que la única forma de escapar es quererete más cada día.
Así es que una tarde a punto de reventar, tuve un impulso. Me calcé un par de zapatillas viejas y una vermuda gastada y salí a andar. Esas salidas fueron primero a caminar y luego a trotar un poco. Y ese momento, ese rato para mí se fue transformando en algo vital: Necesitaba salir a sentir el sol en la cara y el aire en la piel.
Quería hacer algo por mí, para mi bienestar. Tenía la sensació de estar recuperando mi vida.
Los compromisos apenas me dejaban ratos libres y todo el día parecía evaporarse en la misma rutina. Cada vez que salía a correr eran dos voces en mi cabeza entre hacer algo por mi vida o cumplir con las obligaciones. Entre el ahora es tu tiempo o más adelnate lo vas a poder hacer.
De a poco mi rendimiento en el estudio mejoró, mi humor cambió y volví a sentirme vivo. Volvía sentir que mis días no se pasaban unos tras otro, sino que cada día tenía un real sentido.
Salir a correr fue la mejor decisión que había tomado en años. Sin marcas, sin obsesión con el reloj: simplemente salir a andar.
Con los años me convertí en profe, corrí varias veces las 100 millas de Patagonia Run y los 100k en Machu Picchu. Pero todo arrancó ahí: buscando sentirme bien.
Por eso armé el Desafío de Cero a 10K. Para que puedas correr en doce semanas tus primeros 10 k.
Sin tiempos, sin marcas, sin nada de eso. Simplemente que puedas disfrutar más de tus días saliendo a correr.
¿Qué incluye el programa? Aquí abajo te lo cuento.